Málaga es una de las ciudades más cálidas de la Europa continental, y puedes tener un viaje estupendo cualquier mes. Pero la experiencia cambia mucho entre los tranquilos días de almendros en flor de febrero y la bulliciosa feria de agosto.
La primavera (marzo–mayo) es probablemente el momento ideal: días templados de 20 y pocos grados, tardes largas y luminosas, menos gente y una serie de fiestas, incluidas las mundialmente famosas procesiones de Semana Santa.
El verano (junio–septiembre) es temporada de playa. Julio y agosto son calurosos (más de 30 °C) y concurridos, sobre todo durante la Feria de Málaga a mediados de agosto: una espectacular fiesta de nueve días en la calle, pero no el momento para una escapada urbana tranquila.
El otoño (octubre–noviembre) trae un mar templado, luz dorada y muchos menos visitantes. Es nuestra estación favorita para combinar playa y turismo.
El invierno (diciembre–febrero) es suave y soleado, perfecto para museos, tapas y las deslumbrantes luces de Navidad de Calle Larios. A menudo se puede comer al aire libre en manga corta.



